Presa ←→ bestia

sábado, 27 de septiembre de 2008

[i]Acá les dejo un escrito viejo, del año pasado o del otro, no lo recuerdo, notarán las obvias influencias e inspiraciones... nada original, sólo hipótesis, deseos y teorías. [/i]

Nubes carmesí cubren el cielo de un incansable alba.
No se detiene.
Las grietas del suelo tragan mentes muertas y almas vacías.
No se detiene.
Colgando en una cruz de marfíl yace su propósito, su presa.
No se detiene.
Manos, se han convertido en garras... tacto, olvidado... desgarramiento es como funciona ahora.
No se detiene.
No mas írises, no mas labios, no mas sueños...

Arrastrándose está la bestia, saborea su presa en anticipación, una rica y sombría alma...
No se detiene.

Lo sabe, es sabroso, el manjar mas preciado... pero su espina cruje, las orbes se blanquecinan y los pulmones están al borde del colapso.
Se detiene.

No puede alzar su mirada, ya no mas. Entre la immundicia y el azufre percibe un aroma extraño... si, inflama su diafragma, innundándose con ese aroma.
No se detiene.

Demasiado tarde, su conciencia es arrastrada lejos, en el tiempo, en el espacio, en su mente. Yace otra vez en el barro, boca abajo, las gotas de lluvia invaden nuevamente su interior a través de la brecha entre su carne, músculos y nervios espinales. La sangre brota de su columna cual vertiente espesa, oscura y furiosa.
No se detiene.

Intenta moverse, al menos matener sus ojos abiertos, mas no puede. Intenta ver nuevamente, abre los ojos, el tiempo se detiene, las gotas quedan suspendidas en el aire, él se pregunta si cuelgan desde los dedos de los ángeles. Si éstos ven lo que sucede. Y si lo hacen, por qué no cuidaron de él. En las gotas estáticas frente a sus ojos ve los colores, la deformación de las luces y su reflejo, su reflejo en infinitos mundos diferentes, dentro de otros reflejos.
No se detiene.

Tiene ojos, su piel no es escamada, no hay ni cuernos ni huesos externos. Su propia imagen había sido borrada de su memoria. No sabe por qué o quién... quizás por sí mismo, para autoconvencerse de su malignidad e impureza.
No se detiene.

Los ángeles cortan los finos hilos y la oscuridad invade el universo. Se encuentra otra vez encerrado en ésta carcaza pestilente y abominable, la cual es forzada esta vez a eriguirse sobre los miembros inferiores. El dolor es indescriptible, pero ningún sonido es emitido. Los huesos externos buscan volver a su estado original, forzando, pujando, abriendo llagas y arrancando lágrimas corrosivas. El dolor estremece el cuerpo y el espíritu, estremece hasta los más profundos fundamentos... hasta que es lograda la verticalidad.
Se detiene.

Presa... dorada, amada, preciada, odiada, presa.
Necesitada... presa.
Venerada, martirizada... presa.

Inconciente se encuentra allí, suspendida, atada de manos y pies. La presa, con las esperanzas muertas, las reminiscencias vivas y su mente a la deriva. Esperando las garras, las mandíbulas, y un par de frías orbes.

Pero la bestia observa, vigila y ansía... segrega saliva en anticipación al venidero manjar. El dolor aumenta, pero no interesa, sabe que cada pena, cada temor y cada pesadilla será mas reconfortante, mas sabrosa...

1 comentarios:

Lourdes Nievas dijo...

Déjala ser... nada origianl lo único q se puede decir